Dibujo de portada: Elvira Peña

viernes, 27 de abril de 2012

LAS PULGUITAS

LAS PULGUITAS
Autora: Almudena González Casado

Erase una vez un país donde no había nadie. Ah, sí ... existían unos pequeños y diminutos habitantes que casi nadie veía. No se apreciaban muy bien. Eran unas ... PULGUITAS.
Ver todo el cuento

sábado, 8 de enero de 2011

EL MÓN DE LAS EQUACIONS

Hi havia una vegada que en el món de les equacions hi havia dos regnes: el “regne dels números” i “el regne de les x”. Els dos regnes tenien sempre el mateix valor, sinó entre els dos hi havia guerra, la qual cosa els dos regnes ni ningú volia.

EL OSITO LITO


 Los padres del Osito Lito, compraron un árbol de Navidad para adornar el salón de su casa. Comenzaba la Navidad y Lito estaba muy ilusionado de decorar su casa, con Papá Noel, bolitas de Navidad, regalitos, cadenetas de papel de colores… El papá de Lito compró el árbol de Navidad y la mamá de Lito compró los adornos navideños (bolas de colores y guirnaldas).


Un día toda la familia decoró el árbol y cerca de él, colocaron 4 regalitos. Encima del árbol había 1 estrella de color amarilla, el árbol tenía 7 bolas amarillas, 5 bolas azules y 5 bolas rojas.

Llegó el día de la Navidad y el Osito Lito dejó sus zapatillas debajo del árbol para que al día siguiente Papá Noel le trajera regalitos como los que él mismo puso.

miércoles, 14 de abril de 2010

El Bosc de les Fruitifraccions

El Lluis, el Pau i la Maria es van trobar davant del pont de troncs que travessava el riu, els tres amics estaven de vacances, el dia era radiant i la seva decisió irrevocable, avui enlloc de piscina explorarien el bosc.

Durant molts anys havien cregut que el bosc estava encantat i que hi vivien estranys fullets que no permetien sortir del bosc als aventurers que hi entraven. Els seus pares els havien explicat aquesta història quan eren petits per evitar que, jugant, es poguessin perdre.

sábado, 13 de febrero de 2010

Opt si viermele saisprezece picioare

Buna! va amintiti de mine? ma numesc Optulet, sunt un paianjen, corpul meu are forma de 8 sin plus am 8 picioare, 4 pe partea dreapta si 4 pe partea stanga.


Am un magazin. Intro zi venit la mine virmele saisprezece picioare sa cumpere sosete.

Saisprezece picioare este foarte distractiv, are 8 picioare pe fiecare parte a corpului sau.

Iam pus numele acesta pentru ca cele 8 picioare de pe o parte plus cele 8 de pe cealalta parte fac 16 picioare.

Cand saisprezece ca prima data cele 8 picioare de pe o parte, si apoi celelalte 8, si pare ca danseazape strada.

Optsprezece picioare vroia sosete de culoare portocalie, dar in magazin nu sunt atatea sosete la fel, atunci iam spus ca trebuie sa cumpere 8 sosete portocalii si 8 galbene.

Lui optsprezece picioare nu ia palcut ideea. Cum o sa poarte 8 sosete de o culoare si 8 de alta culoare? Sigur ca vor rade de el.

Iam spus sa faca o proba si a rezultat ca atunci cand mergea misca prima data cele 8 sosete portocalii si apoi celelalte 8 sosete galbene, asta atragea atentia la toata lumea.

De atunci, saporti sosete de culori diferite este la moda in satul nostru.

Traducido por: Carmen Ristea

sábado, 30 de enero de 2010

A CAPE FOR ALEXANDER

A long, long time ago, in a little village near the sea, a nine-year old boy named Alexander lived happily with his family, his father, mother and sister Roxanne, who was two years younger than him. In those days, they celebrated the end of spring and the beginning of summer with a big party. Alexander asked his mother to make him a beautiful red cape, because everyone in the village wore the most beautiful and colorful clothing they owned. His mother agreed and told him to go for the cloth to make it, “before you go to the shop to buy the cloth” she said, “come here, I have to measure you.” Using her hand she counted: “one, two, three, four, five, and…six, oh my goodness, you have grown so fast. Okay Alexander, go with your sister to the shop and tell Mr. Patrick you need 6 hand spans of red cloth. Tell him I will pay for it tomorrow, because I have to go to the village in the morning.”

Alexander and Roxanne went to the village, when they came into the shop the boy said, “Mr. Patrick, I want 6 hand spans of red cloth, my mother is going to make a cape for me, I need it for the big party next week.” Mr. Patrick was huge, he was 2.10 meters tall and 2 meters wide, his hands were like two big frying pans, he took the cloth and he started counting: “One, tow three,...and six.” He did it very slowly as he couldn’t move very quickly because of his size. He folded the cloth carefully and gave it to Alexander. Roxanne said, “Good bye, have a wonderful afternoon.” She wanted to go home fast because she was a little afraid of the “giant”.

When they came back home, Alexander gave the red cloth to his mother, she had a look at it and said angrily: “What have you bought, Alexander? I told you 6 hand spans and you’ve brought cloth for the whole family.” Alexander said, “Mum, I’ve bought just what you said, six hand spans, no more. Roxanne, am I right?” The girl said “yes, mum, Alexander is right” then a few seconds later their mother realized, “Oh no! It’s not your fault, I should have told you before, my hands are much smaller than Mr. Patrick’s. What a terrible mistake!”

Next day she went to the shop to give Mr. Patrick all the cloth she didn’t use to make the red cape and she paid for the rest she used. Later she went to the Council of the Elderly Men in the village and she told them what had happened. They decided to invent a new way to measure things, THE SAME FOR EVERYONE.

Traducido por Bernabé Pérez

UNA CAPA PARA ALEXANDER

Hace mucho, mucho tiempo, en un pueblecito junto al mar, vivía un niño de nueve años que se llamaba Alexander. Alexander vivía feliz con su familia, tenía una hermana que se llamaba Roxana y que era dos años menor que él. En esos días se celebraba en el pueblo el final de la primavera y el comienza del verano con una gran fiesta, todos los habitantes del pueblo se ponían las mejores ropas que tenían y Alexander pensó que su madre podría hacerle este año una bonita capa roja, fue a buscarla y le comentó su idea, su madre estaba de acuerdo y le dijo que fuera a comprar la tela roja que necesitaba para coser la capa, “antes de que te vayas a la tienda”- le dijo- “ven aquí que voy a medirte” usando su mano , empezó a contar “ uno, dos, tres, cuatro, cinco y …seis, dios mío, ¿cómo has crecido tan rápido? Muy bien Alexander, ve con tu hermana a la tienda y dile al señor Patrick que necesitas seis palmos de tela roja y que yo se la pagaré mañana que tengo que bajar al pueblo para hacer unos recados”.


Alexander y Roxana se fueron al pueblo llegaron al tienda, entraron y el chico dijo: “ buenas tardes señor Patrick, mi madre me ha dicho que necesita seis palmos de tela roja porque me va a hacer una capa para la fiesta de la semana que viene y que mañana vendrá a pagar la tela” El señor Patrick era enorme, medía por lo menos 2,10 metros y 2 metros de ancho, sus manos eran gigantescas, eran como dos sartenes de las grandes; cogió la tela y lentamente empezó a contar: “ uno, dos, tres, cuatro, cinco y …seis” lo hizo tan despacio porque parecía que le costaba moverse a causa del gran tamaño que tenía, la verdad es que todo lo hacía muy lentamente, dobló la tela con cuidado y se la dio a Alexander, Roxana dijo “ adiós y buenas tardes” lo dijo con prisa porque en realidad sentía miedo cada vez que entraba el la tienda de aquel “gigante”.

Cuando Alexander y Roxana llegaron a casa entregaron a su madre la tela que tan cuidadosamente había doblado el señor Patrick, su madre la desdobló y miró enfadada a su hijo, “¿pero qué has comprado? Aquí tenemos tela para hacer una capa a cada uno de la familia, te dije que compraras seis sólo palmos no sesenta” Alexander dijo: “mamá he comprado lo que tu me dijiste, ¿verdad que sí Roxana?” Roxana asintió, entonces después de unos segundos de silencio que a Alexander le parecieron horas, su madre se dio cuenta, “claro, tenía que haberlo pensado antes, tú no tienes la culpa, ha sido fallo mío, tenía que haber tenido en cuenta que mis manos son muchísimo más pequeñas que las del señor Patrick, ¡qué tremendo error!

A la mañana siguiente la madre de Alexander bajó al pueblo y pasó por la tienda del señor Patrick, le explicó lo que había sucedido, le devolvió toda la tela que no había utilizado y pagó por el resto, los dos estuvieron riéndose durante largo rato por lo que había sucedido. Más tarde se dirigió a hablar con el Consejo de los Sabios del pueblo y les contó lo que había pasado y el terrible error que había cometido, entre todos decidieron inventar un nuevo sistema de medir las cosas, EL MISMO PARA TODOS.

Autora Raquel Izaguirre

miércoles, 13 de enero de 2010

Spider's stories

LITTLE EIGHT SPIDER

Hello, I’m a spider, my name is Little Eight.


My body is like the number 8, that’s the reason I have my name: Little Eight.

I have got 8 legs.

I have 4 legs on my right side and 4 on my left side.

Having 8 legs is fantastic; you can do a lot of things with them.

I have a shop, when I’m working I can stand on my 4 back legs and use my 4 front ones to pick the things I need.

I can stand on my 4 right legs and say hello with my 4 left ones, it’s great!!


LITTLE EIGHT SPIDER AND SIXTEEN FEET WORM


Hello, do you remember me? It’s me Little Eight spider, my body is like the number 8 and I have 8 legs too, 4 on my right side and 4 more on my left side.


I have a shop. One day Sixteen Feet worm came to my shop because he had to buy some socks.

Sixteen Feet is very funny, he has got 8 feet each side of his body.

The reason he has a name like this, Sixteen Feet, is because if you add 8 feet one side plus 8 feet on the other side, the total is 16 feet.

When Sixteen Feet is walking down the street he looks like dancing, he moves 8 feet on the right side first and then the 8 ones on the left side.

Sixteen Feet wanted to buy orange socks, but in my shop I haven’t got enough socks in the same colour, so I told him to buy 8 orange socks and 8 yellow socks.


Sixteen Feet thought it wasn’t a good idea, how can he wear 8 socks one colour and 8 different ones? It has no sense; people will laugh at him for sure.

Then I told him: “why don’t you try it? You have nothing to lose” he accepted so he put the socks on and then when he moved, it was really funny because he moved the 8 orange ones on his right side first and the 8 yellow ones on his left side later.

Everybody in the street got surprised, and everybody wanted to wear the socks like Sixteen Feet. Since then wearing socks different colours is in fashion in our village.





Traducido por: Bernabé Pérez

viernes, 4 de diciembre de 2009

EL PULPO “SIMÓN” Y LOS PECES DE COLORES

Los padres de Juanito, de 8 años de edad, compraron una pecera para adornar el salón de su casa. El papá de Juan compró un pulpo con muchas patas; la mamá de Juanito compró peces de colores. Como en casa sólo había una pecera tuvieron que meter al pulpo y a los peces todos juntos en la pecera. Pero surgió un problema: el pulpo Simón, que así se llamaba, atrapaba a los peces con sus tentáculos.



ACTIVIDADES




1. Cuenta cuántos peces y cuántas patas tiene Simón.

Simón tiene_______________patas.
En la pecera hay__________peces.

2. Cuenta cuántos peces quedan libres en la pecera:

Si Simón captura algunos peces, quedan libres.....
8 peces libres – 1 pez que captura Simón = ¿____? peces libres
8 peces libres – 2 peces que captura =        ¿____? peces libres
8 peces libres – 3 peces que captura =        ¿____? peces libres
8 peces libres – 4 peces que captura =        ¿____? peces libres
8 peces libres  - 5 peces que captura =        ¿____? peces libres
8 peces libres – 6 peces que captura =        ¿____? peces libres
8 peces libres – 7 peces que captura =        ¿____? peces libres
8 peces libres – 8 peces que captura =        ¿____? peces libres

3. Cuenta cuántos peces captura Simón:

8 peces libres - ¿ ___? peces captura Simón = 7 peces libres
8 peces libres - ¿ ___? peces captura Simón = 6 peces libres
8 peces libres - ¿ ___? peces captura Simón = 5 peces libres
8 peces libres - ¿ ___? peces captura Simón = 4 peces libres
8 peces libres - ¿ ___? peces captura Simón = 3 peces libres
8 peces libres - ¿ ___? peces captura Simón = 2 peces libres
8 peces libres - ¿ ___? peces captura Simón = 1 peces libres
8 peces libres - ¿ ___? peces captura Simón = ningún  pez libre

4. Une con una flecha:

MAS ACTIVIDADES PARA CONTAR, SUMAR Y RESTAR (pincha aquí)

Autores del cuento y de las actividades
   Mª del Carmen Marcos Bajo
   Paula Pacotaipe Mendoza
   Valverde Aguilera García
   Fernando de Pablos Cabrera

martes, 10 de noviembre de 2009

El Dragón Boris

Cuento para contar (hasta seis)
Para Mateo

Había una vez, un dragón que se llamaba Boris.

Boris vivía en el campo y salía todas las mañanas a jugar con sus amigos.

Para encontrase con ellos tenía que atravesar un pequeño río utilizando un puente de troncos, pero una mañana se encontró con que el puente se lo había llevado la corriente.

Boris pensó que no necesitaba el puente y que dando un buen salto podría llegar a la otra orilla. Echó a correr, dio una, dos, tres zancadas, saltó y … ¡plof!, se cayó en el rio del que tuvo que salir andando y mojado.

A la mañana siguiente pensó que si saltaba con más fuerza llegaría a la otra orilla, entonces corrió, dio una, dos, tres y cuatro zancadas, saltó y … ¡plof!, cayó de nuevo en el rio.

El tercer día volvió a intentarlo, esta vez corrió desde más lejos, dio una, dos, tres, cuatro y cinco zancadas, saltó y … ¡cataplof!, otra vez se encontró en el rio. Esta vez Boris se enfadó mucho.

A la mañana siguiente decidió que no pasaría el rio.

Desde la otra orilla Gilda, su amiga dragona le preguntó por qué no pasaba para jugar con ellos, Boris le contó que primero probó a dar tres zancadas, luego cuatro y por último cinco antes de saltar pero siempre se caía en el rio.

Su amiga le miró con sorpresa y le dijo “pues ahora no des cinco zancadas y un salto, simplemente da un paso sobre cada una de las piedras que hay en el centro del rio”.

Boris se acercó al rio y dio uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis pasos sobre las piedras y llegó sin mojarse al otro lado del rio.

Desde entonces así lo hizo cada día y colorín colorado este cuento se ha terminado.

ACIVIDADES PARA CONTAR (pincha aquí)

El autor del cuento es José Andrés Lloret

domingo, 1 de noviembre de 2009

OCHITO Y EL GUSANO DIECISEIS PIES


Hola ¿os acordáis de mí?, me llamo ochito, soy una araña, mi cuerpo tiene forma de 8 y además tengo 8 patas, 4 en el lado derecho y 4 en el izquierdo.




Tengo una tienda. Un día vino a mi tienda el gusano dieciseis pies a comprar calcetines.

Dieciseis pies es muy divertido, tiene 8 pies a cada lado de su cuerpo.

Le pusimos ese nombre porque lo 8 pies de un lado más los 8 del otro son 16 pies.




Cuando dieciseis pies anda mueve primero los 8 pies de un lado y luego los 8 del otro, y parece que vaya bailando por la calle.

Dieciseis pies quería calcetines de color naranja, pero en la tienda no hay tantos calcetines iguales, entonces le dije que debía comprar 8 calcetines naranjas y 8 calcetines amarillos.

A dieciseis pies no le gustó la idea ¿Cómo iba a llevar 8 calcetines de un color y 8 de otro distinto? Seguro que se reirían de él.

Le dije que hiciera una prueba y resultó que cuando andaba movía primero los 8 calcetines naranjas y luego los 8 calcetines amarillos lo que llamaba mucho la atención de todo el mundo.

Desde entonces llevar calcetines de colores diferentes está de moda en nuestro pueblo.



El autor del cuento es José Andrés Lloret

LA ARAÑA OCHITO

Soy la araña ochito.

Me llamo así porque tengo forma de 8.

Tengo 8 patas.

Tengo 4 patas en el lado derecho y 4 en el lado izquierdo.

Tener 8 patas tiene muchas ventajas.

Como tengo una tienda puedo apoyarme en las 4 patas de atrás y coger cosas con las 4 de delante.

También puedo apoyarme en las 4 patas de un lado y saludar con las 4 del otro lado.



El autor del cuento es José Andrés Lloret

miércoles, 28 de octubre de 2009

EL ORDEN NO IMPORTA

Cuentamal había planificado un día muy divertido, pero no se atrevía a salir de la casa y bajar las escaleras. La mañana anterior había contado los escalones cuando había bajada a desayunar y le habían salido 10. Pero cuando volvió a subir para dormir, había contado 11. Si había menos escalones al bajar que al subir, ¡a lo mejor se iba a dar un tortazo! Así que se quedó sentado mirando cómo salía el sol. Era un día muy hermoso. El cocinero se acercó al pie de la escalera y le gritó que su desayuno se estaba enfriando. Sus amigos también se acercaron para decirle que se iban de excursión. Pero Cuentamal no quería bajar y todos se fueron. Entonces llegó Cuentabien y subió corriendo escaleras arriba para preguntar a su hermano Cuentamal si le pasaba algo. Cuando oyó que Cuentamal tenía miedo de caerse por las escaleras, Cuentabién exclamó: “¡No puede ser! ¡Las escaleras tienen el mismo número de escalones tanto si subes como si bajas!” Arrastró a Cuentamal fuera de la cama y lo llevó hasta las escaleras . Cuentamal estaba asustado, pero daba gracias a su hermano por arriesgarse a caer. Cuentabién bajó por las escaleras contando cada escalón: “10”. Luego volvió a subir contando otra vez os escalones, y también le salieron 10. “Es la misma escalera, así que tiene el mismo número de escalones”, dijo Cuentabién. Cuentamal se puso a dar saltos de alegría, dio miles de gracias a su hermano, y bajó corriendo las escaleras para salir del castillo y pillar a sus amigos para ir con ellos de excursión.


Este cuento y algunos más de Cuentabien y Cuetamal pueden encontrarse en:
Baroody, A.J. (1988). “El pensamiento matemático de los niños”. Visor. Aprendizaje

jueves, 22 de octubre de 2009

EL CUENTO DE LA CUENTA

- Había una vez, hace mucho tiempo, un pastor que solamente tenía una oveja, empezó el hombre. Como sólo tenía una, no necesitaba contarla: si la veía, es que la oveja estaba allí; si no la veía, es que no estaba, y entonces iba a buscarla... Al cabo de un tiempo, el pastor consiguió otra oveja. La cosa ya era más complicada, pues unas veces las veía a ambas, otras veces sólo veía una, y otras ninguna...
- Ya sé cómo sigue la historia -lo interrumpió Alicia-. Luego el pastor tuvo tres ovejas, luego cuatro..., y si seguimos contando más ovejas me quedaré dormida.
- No seas impaciente, que ahora viene lo bueno. Efectivamente, el rebaño del pastor iba creciendo poco a poco, y cada vez le costaba más comprobar, de un solo golpe de vista, si estaban todas las ovejas o faltaba alguna. Pero cuando tuvo diez ovejas hizo un descubrimiento sensacional: si levantaba un dedo por cada oveja y no faltaba ninguna, tenía que levantar todos los dedos de las dos manos.
- Vaya tontería de descubrimiento -comentó Alicia.
- A ti te parece una tontería porque te enseñaron a contar de pequeña, pero al pastor nadie le había enseñado. Y no me interrumpas... Mientras el pastor sólo tuvo diez ovejas, todo fue bien; pero pronto consiguió algunas más, y entonces ya no le bastaban los dedos.
- Podía usar los dedos de los pies.
- Si hubiera ido descalzo, tal vez, convino él -. De hecho, algunas culturas antiguas los usaban, y por eso contaban de veinte en veinte en vez de hacerlo de diez en diez como nosotros. Pero el pastor llevaba alpargatas, y habría sido muy incómodo tener que descalzarse para contar. De modo que se le ocurrió una idea mejor: cuando se le acababan los diez dedos, metía una piedrecilla en su cuenco de madera, y volvía a empezar a contar con los dedos a partir de uno, pero sabiendo que la piedra del cuenco valía por diez.
- ¿Y no era más fácil acordarse de que ya había usado los dedos una vez?
- Como dice el proverbio, sólo los tontos se fían de su memoria. Además, ten en cuenta que nuestro pastor sabía que su rebaño iba a seguir creciendo, por lo que necesitaba un sistema que sirviera para contar cualquier cantidad de ovejas. Por otra parte, la idea de las piedras le vino muy bien para descansar las manos, pues en vez de levantar los dedo para la primera decena de ovejas, empezó a usar piedras que metía en otro cuenco, esta vez de barro.
- Qué lío!
- Ningún lío. Es más fácil de hacer que de explicar: al empezar a contar las ovejas, en vez de levantar dedo iba metiendo piedras en el cuenco de barro, y cuando llegaba a diez vaciaba el cuenco y metía una piedra en el cuenco de madera, y luego volvía a llenar el cuenco de barro hasta diez. Si al final tenía, por ejemplo, cuatro piedras en el cuenco de madera y tres en el de barro, sabía que había contado cuatro veces diez ovejas más tres, o sea, cuarenta y tres.
- ¿Y cuando llegó a tener diez piedras en el cuenco de madera?
- Buena pregunta. Entonces echó mano de un tercer cuenco, de metal, metió en él una piedra que valía por las diez del cuenco de madera y vació éste. O sea, que la piedra del cuenco de metal valía por diez del cuenco de madera, que a su vez valían cada una por diez piedras de cuenco de barro.
- Lo que quiere decir que la piedra del cuenco de metal representa cien ovejas.
- Muy bien, veo que has captado la idea. Si al cabo de una jornada de pastoreo, tras meter las ovejas en el redil y contarlas una a una, el pastor se encontraba, por ejemplo, con esto -dijo el hombre, tomando de nuevo el bolígrafo y dibujando en el cuaderno de Alicia:
- Quiere decir que tenía doscientas catorce ovejas -concluyó ella.
- Exacto, ya que cada piedra del cuenco de metal vale por cien, la del cuenco de madera vale por diez y las del cuenco de barro valen por una.
Pero entonces al pastor le regalaron un bloc y un lápiz...
- No puede ser, protestó Alicia, el bloc y el lápiz son inventos recientes; los números se tuvieron que inventar mucho antes..
- Esto es un cuento, marisabidilla, y en los cuentos pueden pasar cosas inverosímiles. Si te hubiera dicho que entonces apareció un hada con su varita mágica, no habrías protestado; pero mira cómo te pones por un simple bloc...
- No es lo mismo: en los cuentos pueden aparecer hadas, pero no aviones ni cosas modernas.
- Está bien, está bien: si lo prefieres, le regalaron una tablilla de arcilla y un punzón. Y entonces en vez de usar cuencos y piedras de verdad, empezó a dibujar en la tablilla unos círculos que representaban los cuencos y a hacer marcas en su interior, como acabo de hacer yo en tu cuaderno. Sólo que, en vez de puntos, hacía rayas para verlas mejor, Por ejemplo,

significaba ciento cuarenta y dos. Pero pronto se dio cuenta de que las rayas, si las hacía todas verticales, no eran cómodas, pues no resultaba fácil distinguir, por ejemplo, siete de ocho u ocho de nueve. Entonces empezó a diversificar los números cambiando la disposición de las rayas:


A medida que iba familiarizándose con los nuevos números, los escribía cada vez más deprisa, sin levantar el lápiz del papel (perdón el punzón de la tablilla), y empezaron a salirle así:

Poco a poco fue redondeando las siluetas de sus números con trazos cada vez más fluidos hasta que acabaron teniendo este aspecto:

---------------------------------- 1 2 3 4 5 6 7 8 9
Pronto comprendió que no hacía falta poner los círculos que representaban los cuencos, ahora que los número eran compactos y no podían confundirse con las rayas de uno con las del de al lado. Así sólo dejó el círculo del cuenco cuando estaba vacío; por ejemplo, si tenía tres centenas, ninguna decena y ocho unidades, escribía:
----------------------------------------3 o 8
- ¿Y no es más fácil dejar sencillamente un espacio en blanco? – Preguntó Alicia.
- No, porque el espacio en blanco sólo se ve si tiene un número a cada lado. Pero para escribir treinta, por ejemplo, que son tres decenas y ninguna unidad, no puedes escribir sólo 3, porque eso es tres. El pastor acabó reduciéndolo para que fuera del mismo tamaño que los demás signos, con lo que el trescientos ocho del ejemplo anterior acabó teniendo este aspecto:
-----------------------------------------308
Había inventado el cero, con lo que nuestro maravilloso sistema de numeración estaba completo.

El autor del cuento es Carlo FrabettiPublicado en el libro "Malditas Matemáticas". Alfaguara juvenil.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

EL MUNDO DE LAS ECUACIONES

Érase una vez en el mundo de las ecuaciones dónde había dos reinos: el “reino de los números” y “el reino de las x”. Los dos reinos tenían siempre el mismo valor, si no, entre los dos había guerra, cosa que aparte de los dos reinos, nadie quería.

Para que los dos reinos valiesen siempre lo mismo, había un dragón controlado por el mago Merlín. La misión del Dragón era sustraer o sumar.

Hubo una vez un problema: el mago Merlín enfermó y el Dragón se puso a quitar y poner valores a lo loco y los dos reinos entraron en guerra. El pánico se apoderó de todo el mundo, pero el Dragón que era bueno dijo: “Os pondré una ecuación y si la resolvéis volveré a controlarme”. Y después dijo: la ecuación es:

3x + 2 = 22 – 2x

Enseguida todo el mundo dijo: “El resultado es 4” (si queréis saber como lo hicieron
pincha aquí). Como el resultado era correcto el Dragón volvió a controlarse, y si a eso unimos que Merlín se curó, el pueblo quedó muy feliz y la paz volvió a reinar en el “mundo de las ecuaciones”
Cristian Sánchez y Jaime Coronado, (alumnos de 1º ESO, año 2001)

lunes, 24 de agosto de 2009

EL BOSQUE DE LAS FRUTIFRACCIONES

Luís, Pablo y María, se encontraron delante del puente de troncos que atravesaba el río, los tres amigos estaban de vacaciones, el día era radiante y su decisión firme, hoy en vez de piscina explorarían el bosque.

Durante años habían creído que el bosque estaba encantado y que en él vivían extraños duendes que no permitían salir a quienes se aventuraban a entrar en él. Sus padres les habían contado esa historia cuando eran pequeños para evitar que jugando pudieran perderse.

Los tres se miraron, sonrieron y emocionados pusieron rumbo al bosque

Llevaban más de una hora caminando cuando una extraña sensación les invadió. A su alrededor no se escuchaba nada, solo había un inquietante silencio.

Los tres amigos se miraron, aquello empezó a no gustarles.

¿Qué os parece si nos volvemos?, total por aquí no hay nada que hacer. Dijo Luís, que era el más prudente de los tres.

Vale. Contestaron al tiempo Pablo y María.

Sin más comentarios, giraron sobre sus pasos y emprendieron el camino de regreso.

Avanzaban cada vez más rápido, pero tenían la impresión de que en vez de acercarse a la salida se adentraban cada vez más hacia su interior.

Los árboles adoptaban formas extrañas, sus ramas se retorcían y eso les daba un aspecto siniestro.

De repente los tres quedaron paralizados. Allí estaba, delante de ellos, en mitad del camino, con menos de un metro de estatura, orejas puntiagudas, grandes manos y pies, mirada penetrante y una sonrisa que producía escalofríos.

¡Hola! Soy un duende, de la familia de los Emáticos, y me llamo Mat. Mat de los Emáticos.

Sin darnos cuenta hemos entrado en el bosque - dijo María – y ahora no encontramos la salida. ¿Podría ayudarnos a encontrarla?

En este bosque no hay camino de regreso, solo se puede seguir avanzando, hasta que os encontréis de nuevo en el puente de entrada.

¡Vale!, dijeron los niños, entonces sigamos.

¡Alto! - exclamo Mat – al tiempo que saltaba de un lado a otro del camino y lanzaba al suelo un puñado de polvo azul, que producía una explosión y una nube roja.

Asustado, Pablo saltó detrás de María y Luís detrás de Pablo. María quiso retroceder pero Pablo la sujetaba con fuerza por la cintura y no se lo permitía.

El problema es - siguió hablando Mat como si no hubiese ocurrido nada – que desde este punto solo podréis continuar si resolvéis un pequeño enigma.

¿Cuál?, se atrevió a preguntar María con la voz entrecortada por el miedo.

Fijaos en esos árboles ¿no os parecen extraños?

Un poco sí, dijo Luís. No tienen hojas, solo tronco y ramas retorcidas.

Pablo entonces se atrevió a hablar, también tienen unas frutas muy raras con números y una raya.

María interrumpió. No son números y rayas son fracciones, esa es 3/5.

Efectivamente, confirmó Mat dando otro salto. Se trata de las frutifracciones del bosque. Como veis en cada tronco hay una fracción y en cada rama un número.

Venid, acercaros.

Los tres niños avanzaron lentamente, procurando esconderse cada uno detrás de los otros.

¡Rápido!, gritó el duende, no tengo todo el día.

Asustados, Pablo y María trataron de retroceder, pero Luís les dio un fuerte empujón. María dio un trompicón y se cayó de culo. Pablo tropezó con ella y terminó de rodillas a los pies de Mat, que soltó una fuerte carcajada.

Mirad aquí, dijo, mientras señalaba el árbol que estaba a su derecha. Este es el árbol de la fracción 2/3 y todos los frutos que cuelgan de él son sus frutifracciones equivalentes. En la rama del 2 cuelga 4/6, y en la del 5, 10/15

Entonces, introdujo la mano en el bolsillo de su chaqueta, sacó un polvo rosa, levantó el brazo y lo lanzó al aire. De nuevo explotó produciendo ahora una nube de colores: amarillo, azul, rojo, verde… Cuando el humo desapareció vieron que en el suelo había una cesta de mimbre llena de frutifracciones.

Si queréis continuar el camino tenéis que escoger tres frutis de esta cesta y adivinar de qué árbol y de qué rama son.

Pablo se adelantó, extendió la mano y cogió una. Llevaba marcada la fracción 9/15 . Entre los tres empezaron a deliberar.

¿Cómo podremos saber de que árbol procede?

Podemos escoger un árbol, por ejemplo 2/5, y buscar fracciones equivalentes con los números de cada rama a ver qué ocurre.

Bien pero para no equivocarnos coge ese palo y lo escribimos en el suelo.

María fue escribiendo las fracciones equivalentes a 2/5:
4/10; 6/15; 8/20

No sigas, dijo Luís, ya nos hemos pasado. Tiene que ser otro árbol. Pero si seguimos de esta manera podemos estar tres años para cada frutifracción.

De acuerdo probemos de otra forma, dijo ahora Luís. Vayamos hacia atrás desde la fracción

¿Cómo?, preguntaron María y Pablo al tiempo.

Simplificando la fracción, mirad 9 y 15 se pueden dividir entre 3. Cogió el palo y escribió en el suelo:

9/15 = 3/5

Tiene que ser el árbol que tiene 3/5 en el tronco y la rama 3.

¡Bien!, exclamó Mat de los Emáticos, pero todavía os quedan dos más.

Ahora fue María la que cogió una fruti y la enseño a sus compañeros 12/18.

Rápidamente, casi quitándose la palabra de la boca y el palo de las manos gritaron los tres: ¡prueba con el dos! Pablo cogió el palo y fue escribiendo en el suelo:

12/18 = 6/9

¡ya está! exclamó con satisfacción y empezaron a buscar el árbol en cuyo tronco debía aparecer la fracción encontrada. ¡Horror! No había ningún árbol al que le correspondiera esta fracción.

¿Qué habremos hecho mal?, ¡con lo fácil que parecía!

A lo mejor es que se puede seguir simplificando más la fracción, sugirió Luís.

Claro, eso es lo que ocurre 6 y 9 también son divisibles por 3.

Entonces fue María la que escribió 6/9 = 2/3

Enseguida encontraron el árbol 2/3 y una rama con el número 6.

Ya solo les faltaba encontrar el origen de una frutifracción más.

Vamos Luís, te toca a ti sacar la última. Algo nervioso, Luís extendió la mano y sacó una fruta más del cesto, 25/35. Esto estaba chupado, 25 y 35 se podían dividir entre 5 por tanto

25/35 : 5/5 = 5/7

¡Sorprendente!, verdaderamente tenéis un buen dominio de las fracciones. Os habéis ganado el paso libre, dijo Mat. Dio un paso atrás, un par de volteretas y desapareció detrás de un arbusto.

Casi instantáneamente la luz empezó a filtrarse entre las ramas de los árboles y los tres niños continuaron su camino, que rápidamente les condujo al puente en el que habían empezado su aventura.

Todavía nerviosos y emocionados lo cruzaron preguntándose si alguien creería la aventura que acababan de vivir en el “bosque del que nadie volvía”, y que a partir de ahora llamarían el “bosque de las frutifracciones”.

Y colorín colorado este cuento se ha terminado.


José Andrés Lloret